El pasado jueves comentaba con un colega lo que las personas suelen demandar de las sesiones de coaching.Y en medio de esta conversación me regaló una bonita metáfora que quiero compartir contigo. Me parece interesante porque refleja bastante bien una característica que solemos tener las personas: no nos gusta trabajar sobre las dificultades de nuestra vida; preferimos tomar una pastilla o que nos den la solución ya hecha.

¿Para qué sirve el coaching? Pues imagínate que estás encerrado en una habitación a oscuras con un toro. Pues hacer coaching es como encender la luz. El coaching no elimina al toro de la habitación. Tampoco abre la puerta y mucho menos amansa al toro.

El coaching lo que hace es dar luz sobre una situación determinada. Antes estabas a oscuras y ahora tienes luz en la habitación. Suficiente. La decisión sobre lo que tienes que hacer es tuya.

Algunas personas piensan que no es suficiente.

Sin embargo, y aquí viene el quid de la cuestión ¿Qué parte de responsabilidad estamos dispuestos a tomar sobre nuestra vida? ¿Estamos dispuestos a asumir las decesiones o queremos que nos lo den todo hecho, que nos saquen el toro de la habitación? ¿Queremos que nos digan que tenemos que hacer con el animal?

Tenemos que hacer un esfuerzo por responsabilizarnos de nuestras vidas. No podemos seguir esperando que los demás, un médico, un coach, la publicidad o nuestra pareja nos diga lo que tenemos que hacer, decir o decidir.

La decisión sobre qué hacer con el toro te corresponde a ti. Solamente. Y no deberías delegarla en nadie. Ahora bien, espero que la habitación tenga la mayor cantidad de luz para que puedas tomar la mejor decisión con tus toros.

Sergio Fernández

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