Hoy he visto My blueberry nights, la última película de Wong Kar Wai.

Quizá ha sido porque su estreno se ha hecho esperar un poco más de la cuenta o quizá porque tenía muchas expectativas depositadas en esta cinta, pero lo cierto es que aunque formalmente el largometraje me parece de libro, las historias que cuenta no me han llegado a emocionar demasiado.

Así que he disfrutado enormemente una película con cuyas imágenes me he deleitado y cuya iluminación y montaje están vertiginosamente cuidados.

Así que hemos salido del cine dándole vueltas al tema de la importancia de la forma en nuestra sociedad frente al fondo. Cada día más, el aspecto, la apariencia, el look, el envoltorio es más importante que lo que cubre. Y otras veces es lo único.

Las personas se pelean por cómo se dicen las cosas en lugar de por lo que decimos. Nos juzgamos e interactuamos socialmente en función de la manera en la que vestimos, tanto que ésta se ha convertido en una manera de mostrar la identida de uno.

Al final la forma es el fondo y el medio es el mensaje. Pero tranquilo porque no voy a caer en el lugar común de criticarlo; yo soy el primero que amo las cosas bellas y de hecho he saboreado intensamente My Blueberry Nights, sin embargo sí que diré que pienso que a veces esta sobrevaloración de la imagen y del envoltorio nos hace perdernos algunas cosas de la vida que, sin ser necesariamente estéticas, son importantes.

Sergio Fernández

X