Ayer dediqué la tarde a hacer un castillo de arena. Me encanta esta actividad desde que soy niño y, cuando me resulta posible, la sigo practicando con gusto.
Ayer, justo cuando terminamos el castillo, la marea se lo llevó. Eso no impidió que disfrutara con la sensación de crear belleza sólo por el placer de crearla, ni que disfrutara con la sensación de cuidar de los detalles de algo que sabes que media hora más tarde no existirá.
Los castillos de arena son un ejercicio maravilloso para hacer las cosas bien sólo por el placer de hacerlas bien. Y eso, para mi es suficiente recompensa.
Sergio Fernández
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