Es la segunda vez que me pasa esta semana.

Ayer una persona me comenta que piensa que tiene ilusión pero que le falta experiencia para poder hacer lo que quiere hacer.

Otro que se lo ha creído, pienso.

No seré yo quien desprecie el valor de la experiencia pero sí que diré que pienso que está sobrevalorada.

La experiencia la han puesto de moda los señores con corbata que gobernaban el mundo hasta hace poco. Los que tienen el poder ponen las reglas, así que si tienes cincuenta años y llevas corbata, impones y haces pensar a los demás que lo importante es tener experiencia y llevar corbata.

Pero hay buenas noticias: esto está cambiando y beneficia a todos los que no tenemos cincuenta años ni llevamos corbata a diario.

Los valores del nuevo siglo son otros. Personas sin experiencia se comen el mundo cada día y todo porque son capaces de emplear la imaginación, porque se han dado cuenta de que siendo la experiencia importantísima, no es imprescindible para lograr buenos resultados en el ámbito laboral.

Es toda esa gente que no está dispuesta a pasar veinte años en una empresa para que le aumenten el sueldo lo suficiente como para poder comprarse una caja de cacahuetes. Es toda esa gente que usa la imaginación y deja de repetir lo que su jefe, posiblemente de cincuenta años y con corbata, le ordena cada mañana.

La imaginación es, en mi opinión, más importante que la experiencia, más aún en un mundo cambiante como el que vivimos. Y si a esto le sumas un poco de ilusión, como la que ayer me afirmaba que tenía esta persona, definitivamente podemos empezar a caminar sin experiencia.

¿Tiene usted 20 años de experiencia o un año de experiencia repetido veinte veces?

Y esto aplica a la vida personal también.

Sergio Fernández

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