Ayer hablaba con una persona que acababa de perder un tren. Lo único que se me ocurrió decirle fue que esas cosas suceden y no hay mucho que nosotros podamos hacer. A veces las cosas simplemente pasan por causas que escapan a nuestro control.

Unos minutos más tarde me subi en mi bicicleta y nada más hacerlo, la cadena se rompió y me quedé, como la persona con la que acababa de hablar, tirado sin medio de transporte.

Aunque una bonita coincidencia con uno de mis compañeros de garaje [que apareció de la nada] facilitó que éste me acabara llevando en su moto [¡gracias!], no dejo de sorprenderme de cómo la vida funciona a veces: un momento estoy diciéndo que esas cosas pasan y diez minutos más tarde esas cosas me están pasando.

Cada día las palabras me imponen más y me infunden más respeto. Hay que prestar mucha atención a lo que decimos porque las palabras tienen el infatigable empeño de convertirse en realidad.

Así que me propuesta para este fin de semana es sencilla: Prestar mucha atención a lo que decimos: de nosotros mismos y de los demás, qué tipo de palabras empleamos y que tipo de juicios o generalizaciones hacemos.

Sergio Fernández

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