Hoy he dedicado parte de la mañana a sembrar. Le llamo sembrar a cuanto empiezo a mover un proyecto nuevo, cuando comienzo a echar semillas, a ver cómo está la tierra…

Me sienta bien hacerlo cada cierto tiempo. Yo le llamo a esto el efecto zanahoria. Le llamo así porque esto de sembrar, como a determinados animales la zanahoria, me permite seguir en movimiento. Me estimula pensar en la zanahoria que quizá algún día, si sigo en marcha, tendré el placer de disfrutar.

Esto del efecto zanahoria me estimula a seguir en movimiento pero, sobre todo, a seguir soñando.

Me gusta esto de las zanahorias siempre que sean autoseleccionadas [imprescindible], excitantes [en caso contrario ni empiezo a caminar] y sabrosas [¡uhmmmmmm!].

Por cierto, ¿sabes qué? Que lo de lograr la zanahoria, para mi, es casi lo de menos… me resulta más importante el viaje que el destino o mejor y como decía el poeta: No sé a dónde voy pero sí con quién voy.

Tras cien días de blog, puedo decir que compartir cada día mis vivencias con [email protected]@s es ya una de las zanahorias de mi vida.

¡Gracias por estar ahí cada día!

Sergio Fernández

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