El viernes tuvimos la maratoniana reunión del Equipo de comunicación del Festival internacional de Cine del Sáhara, Fisahara para los amigos, y tengo que confesar que acabé muy satisfecho.

Primero porque acabamos con un acuerdo sobre un plan de comunicación, lo que esperemos que ayude a impulsar este bonito proyecto que supone nada más y nada menos que montar un Festival de cine en un campo de refugiados, con el fin de dar visibilidad y denunciar la vergonzosa situación del pueblo saharaui en el exilio en tierras argelinas.

Por otro lado porque la energía de este proyecto en el que tantas personas colaboran desinteresadamente es, además de positiva, contagiosa. Y eso, la verdad, me hace vibrar.

En definitiva, que empiezan tres meses de trabajo contrareloj para hacer que este milagro que ya va por su séptima edición, ponga su granito de arena para ayudar a solucionar esta clamorosa injusticia que hace que un pueblo lleve 30 años en el exilio en mitad del desierto.

Cortázar, que tras años sigue siendo mi cronopio favorito, decía que lo que le sorprendía no eran los milagros sino lo que les precedía y lo que les sucedía. Y yo estoy de acuerdo.

Sergio Fernández

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