Aunque personalmente tengo la teoría de que podría explicar mi vida a base de casualidades y por ello hay veces que ya casi ni me sorprenden, ayer me sucedieron dos bonitas casualidades en menos de una hora. Primero pensé en llamar a una persona y a los cinco minutos me llamó y se me adelantó. Una hora más tarde, mientras pensaba si llamar a otra, giro la esquina mientras caminaba y aparece.

Decía Cortázar que lo que le sorprende no son los milagros sino lo que les precede y lo que les sucede. Hay veces que tengo esa misma sensación.

Me gusta la idea de prestar atención a las casualidades. También la de prestar atención a los sueños. Creo que constituyen dos fuentes de información muy valiosas que en ocasiones tenemos infravaloradas.

Además de esto me gustaría compatir contigo otra idea. Ayer tuve una interesante conversación sobre técnicas y ejercicios de coaching.

Hubo una que me gustó y que dejaré sobre la mesa para que reflexionemos durante el fin de semana.

Consiste en dividir una circunferencia, que sería nuestra vida, en cuatro partes, como si fuera una tarta. Cada una de las partes de la tarta refleja una de estas cuatro partes de nuestra vida y el ejercicio consiste en ser conscientes de dónde vivimos. Hay cuatro posibilidades:

– Vivir desde lo que sé que sé.

– Vivir desde lo que sé que no sé.

– Vivir desde lo que no sé que sé.

– Vivir desde lo que no sé que no sé.

Detrás del aparente juego de palabras hay más miga de la que puede parecer. Todos vivimos según qué parte de nuestra vida en alguna de estas cuatro partes. El problema es que si estamos demasiado centrados en lo que sabemos que sabemos, no exploramos nuevas posibilidades y nos anclamos a nuestra zona de confort.

A mi me gustó el ejercicio así que te pregunto, de los 360 grados de la tarta, ¿qué porcentaje de tu vida está en cada una de estas cuatro aproximaciones?

Sergio Fernández

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