Este fin de semana volví a ver, más por futo del azar que por que tuviera la intención, Desayuno con diamantes.

El domingo, mientras caminaba por la Rue des Écoles de París [milagros de las compañias de bajo coste] vimos que empezaba este clásico de Blake Edwards y… voilá!… entramos a verla.

Aunque los que me conocen bien afirman que a mi esta película no me gustaba, lo cierto es que se me habia olvidado y que salí ciertamente conmovido del cine.

Me encanta la historia que esconde esta chica aparentemente frívola y materialista. Me gusta que detrás de esa fachada se pueda encontrar una persona frágil y que está deseando amar. Me gustan las historias en las que, como en la vida, los protagonistas evolucionan.
Desayuno con diamantes, un descubrimiento que esconde más de lo que al menos a primera vista parece.

Sergio Fernández

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