¿Sabes ya quién es tu peor enemigo?
 
Probablemente, tú mismo.
 
Es muy posible que si hablaras a los demás de la misma manera en la que te diriges a ti mismo, no tendrías muchos amigos. Es probable que seas mucho más duro juzgándote a ti mismo que a las personas que te rodean. Es fácil que seas más tolerante con los fallos ajenos que con los tuyos.
 
No merece la pena que seas tu peor enemigo. Cuídate y perdónate; los demás lo agradecerán.
 
Por hoy, sólo eso.
 
Sergio Fernández

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