Ayer, tras un intenso día de reuniones, charlas y entrevistas, lo único que me apetecía era estar un rato en silencio.

Por la mañana, me pasé por la Librería del Círculo de Bellas Artes, aprovechando que tenía cosas que hacer muy cerca de allí, a comprar El amor dura tres años, de Frédéric Beigbeder, que además es autor de los muy recomendables 13,99 y Socorro, perdón.

Así que cuando llegué por la noche a mi casa, me serví una copa de Mandolás, un excelente y económico vino blanco macerado en barrica de origen húngaro, y me propuse no hacer otra cosa que leer este libro hasta que me venciera el sueño:

Frédéric tiene en este libro el mismo estilo afilado, desgarrador, contemporáneo, ácido y honesto para abrirle las tripas a nuestra sociedad. Y lo hace sin anestesia, como de costumbre. Y en esta ocasión, como en otras lo ha hecho con la publicidad o la moda, lo hace con el amor.

Tengo cierta obsesión con los arranques de las novelas y por eso te dejo con el texto de arranque de este libro para que lo disfrutes:

Al principio todo es hermoso, incluso tú. No das crédito a estar tan enamorado. Cada día trae consigo su liviana carga de milagros. Jamás nadie en el mundo había conocido tanta felicidad. La felicidad existe y es muy simple: consiste en un rostro. El universo sonríe. Durante un año, la vida no es más que una sucesión de soleadas mañanas, incluso cuando nieva por la tarde. Te casas, lo antes posible: ¿para qué reflexionar cuando uno es feliz? Reflexionar te entristece; la vida debe ganar la partida.
El segundo año, las cosas comienzan a cambiar. Te has vuelto más tierno. Te sientes orgulloso de la complicidad que has establecido con tu pareja. Comprendes a tu mujer con sólo medias palabras; qué felicidad conformar un todo. Hacéis el amor cada vez menos y consideráis que no es grave. Estáis convencidos que el fin del mundo está muy lejos. Defendéis el matrimonio delante de vuestros amigos solteros, que ya no os reconocen. Tú mismo, sin ir más lejos, ¿estás realmente seguro de reconocerte cuando recitas la lección aprendida de memoria y resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle..?

El tercer año, ya no resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle. Pronto llega el momento en que no puedes soportar a tu mujer ni un segundo más, porque te has enamorado de otra. Sólo hay un punto en el que no te habías equivocado: efectivamente, la vida tienen la última palabra.

Sergio Fernández

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