Uno de los aspectos inesperados de escribir un libro está residiendo, al menos para mi, en la cantidad de preguntas que me están formulando todos los días los periodistas al respecto de cuestiones que de manera directa o tangencial están relacionadas con el libro.

Pues bien, durante el transcurso de una entrevista, esta mañana me preguntaba una periodista por qué los libros de management, de empresa e incluso de autoayuda, tienen en general un aire optimista y positivo, cuestión que para ser sincero, nunca me había preguntado.

Aunque en el momento he respondido a esta pregunta, que tiene más chicha de lo que a priori pueda parecer, luego me he quedado dándole vueltas al tema…

Se me ocurren varios motivos.

Uno de ellos es que las personas que pueden tener interés en contar algo a los demás son en principio aquellas a las que les ha ido bien o medio bien. Aunque mi libro Vivir sin jefe habla de errores y por ello rompe un poco la norma, no es menos cierto que alguien que escribe un libro normalmente ha tenido cierto éxito en llevar a cabo lo que está contando. O si se ha equivocado al menos ha logrado salir a flote.

Otro motivo podría ser que la historia la escriben siempre los que ganan. En los libros de empresa y sobre todo en los de historia, pero en los de empresa también.

Y sin embargo, el motivo que valoro como fundamental es que para que las cosas salgan bien en la vida hace falta una combinación de saber, querer y poder. Pero sobre todo, de ilusión, de positivismo y de constancia. Y por eso las personas que obtienen resultados no es extraño que combinen en mayor o menor medida alguno de los anteriores ingredientes. Y por ello no es es extraño tampoco que los libros de management sean por lo general, optimistas y positivos.

Sergio Fernández
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