Con frecuencia me pregunto qué es lo que hace que algunas personas lleven vidas tan desgraciadas mientras que otras parecen vivir felices y cómodas con las circunstancias que les rodean.
 
Aunque es evidente que como sociedad deberíamos sentir vergüenza ante las injusticias que cada uno de nosotros permitimos, activa o pasivamente, aún así hay personas que consiguen llevar una vida satisfactoria y feliz y superar las situaciones más injustas. 
 
Pero además de las injusticias de base, de entornos que no estimulan la formación y el aprendizaje de los jóvenes, de circunstancias que minan la autoestima de las personas… al margen de todo esto, creo que la única diferencia entre unas personas y otras radica en la forma que tienen de pensar.
 
Cosecha un pensamiento y recogerás una acción, cosecha una acción y recogerás un hábito, cosecha un hábito y recogerás una vida. [No recuerdo de quién es la frase…].
 
Para mi, al margen del punto de partida, que es evidente que dota de ventaja o desventaja a algunas personas, lo único que puede marcar una diferencia importante en el largo plazo de una vida es la manera de pensar que cada persona decide tener. Insisto en lo de decidir. 
 
Tenemos miles de pensamientos cada día… ¿Te has parado a pensar sobre qué tratan los tuyos? Cada uno de nosotros tiene una serie de pensamientos favoritos, una serie de patrones mentales por defecto. Mi propuesta de hoy es que tomes consciencia de su temática. Mi propuesta es que observes, como si de una película se tratase, de qué tratan tus pensamientos.
 
¿Te quejas? ¿Qué te imaginas? ¿Piensas más en el pasado o en el futuro? ¿Te imaginas conversaciones que no existen y que nunca te atreves a tener? ¿Piensas más en tus carencias o en lo que ya tienes y disfrutas?
 
Tomar una decisión consciente sobre esos pensamientos, desde mi punto de vista, es lo único que puede marcar una diferencia en el largo plazo entre la vida que deseamos y la que no deseamos.
 
Sergio Fernández 
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