Si estás enfadado nunca mandes un e-mail ni llames para quejarte. Espérate a mañana. Lo verás con otros ojos. Y en una semana ni te cuento.

Si estás triste no tomes nunca alcohol. En una sociedad que no soporta el dolor, que todo lo soluciona a base de analgésicos, parece que lo natural es escaparte si estás triste. No lo hagas. Aprende la lección y, si es el caso y te apetece mucho, cuando la hayas aprendido, celébralo con una copa de buen vino. Pero cuando estés triste, nunca tomes alcohol.

Si estás alegre, aprovecha para iniciar eso que tienes pocas posibilidades de que vaya a salir adelante. Tendrás la energía necesaria para darle el empujón definitivo. Aprovecha los días que irradies alegría para ofrecer ese proyecto tan loco a quien corresponda, para llamar o escribir a la persona con la que quieres ligar o a la que quieres mantener a tu lado, por ejemplo.

Si estás cansado. No insistas en seguir. Descansa y sigue después. A la larga es más rentable. Para talar un árbol es necesario afilar antes el hacha.

Si estás sorprendido con algo que te gusta, compártelo. Llama a quien le pueda interesar. Lo que das, te lo das y lo que no das, te lo quitas.

Sergio Fernández

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