El pasado viernes, con motivo de una reunión improvisada de última hora, estábamos cerca de un hotel y decidimos ir allí. Nada más entrar, se me acercó el que supongo que sería el responsable de la cafetería del mismo y me pregunta si me puede ayudar.
Le digo que estoy buscando un lugar silencioso y tranquilo donde poder desarrollar una entrevista.
 
Lo asombroso viene cuando no sólo nos buscó una excepcional y tranquila dependencia de la sexta planta sino cuando nos acompañó mostrando una simpatía excepcional.
 
Desconozco si a este hotel le afectará la crisis, pero lo que sí que sé es que a mi en una sola visita me han fidelizado. El hotel es el Puerta Madrid y el trato me pareció tan excepcional que he pensado que merece la pena contarlo aquí.
 
Hacer las cosas bien cuesta aproximadamente lo mismo que hacerlas mal y es diez veces más satisfactorio. Estoy seguro de que este señor se lo pasa mejor y es más feliz en su trabajo que si hiciera las cosas a desgana. 
 
Yo soy de los que creen que no existen tareas pequeñas o insignificantes y me aplico y trato de ser excelente en todo lo que hago, ya sea cocinar, charlar con alguien o escribir este blog. No siempre lo consigo pero lo hago lo mejor que puedo. Como norma de vida.
 
Hay un texto de Luther King que me parece especialmente brillante, que mencioné el pasado miércoles en el programa de radio de Pensamiento Positivo y que dice:
 
“Si un hombre está llamado a barrer las calles debería barrer las calles igual que pintaba Miguel Ángel, componía Bethoven o escribía Shakespeare. Debería limpiar las calles tan perfectamente que los moradores del cielo y de la tierra se detuvieran para decir: aquí vivió un barrendero que hizo bien su trabajo.”
 
Sergio Fernández

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