Hace años vivía en un barrio en el que se puso de moda entre determinados chavales robar la gasolina de los coches.
 
Como consecuencia de lo anterior, el tubo que comunica el depósito de gasolina de mi coche con el motor está lleno de empalmes ya que la operativa para orbar el combustible consistía precisamente en cortar este tubo.
 
Después, esta moda pasó, yo me mudé a otro lugar a vivir y me olvidé completamente del asunto.
 
Pues bien, con las heladas de la semana pasada o simplemente debido a la acción del tiempo, uno de estos empalmes dejó de cumplir su servicio y mi coche empezó a perder gasolina en plena calle.
 
Así que lo que empezó como un domingo campestre, acabó siendo una lección de mecánica de varias horas en la que me impregné de olor a gasolina para varios días.
 
Y mientras operaba con las herramientas que varias personas me prestaron amablemente y me calentaba las manos con agua caliente que un bar me dejaba cada cierto tiempo para poder seguir trabajando, me acordé de la influencia que cada uno de nosotros tiene en el mundo.
 
Pensé que el chaval que me robaba la gasolina, probablemente no esté pensando hoy en que yo me pasé varias horas debajo del coche para solucionar un capricho suyo de hace unos cuantos años.
 
Pensé que en ocasiones no somos conscientes de la influencia que nuestros actos tienen en el mundo y en otras personas, incluso muchos años después. Pensé en que no somos conscientes de que todo acto tiene una consecuencia. Todo: lo que compras y cómo lo compras, lo que dices y a quien se lo dices. También lo que dejas de decir tiene unas consecuencias.
 
Vivimos en una red y creo que uno de los mayores problemas que tenemos como sociedad es que demasiadas personas no son conscientes de ello. Es una idea clave: cada acto tiene una consecuencia. Lo que hacemos cada día deja una huella en el mundo. Nada es gratis en la vida: tu trabajo, lo que haces, lo que dejas de hacer… todo, absolutamente todo imprime una huella en el mundo.
 
Y el mundo que vivimos no es más que la suma de un montón de huellas. Nunca infravalores el poder que tienes: tu huella es importante y no hace falta robar gasolina para dejar una impronta positiva o negativa en el mundo.
 
Sergio Fernández
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