Dicen que lo primero es antes y lo primero, hoy, es daros las gracias… gracias por el aluvión de comentarios e e-mails con los que me habéis respondido a la pregunta que lancé la semana pasada… ya os iré contando cómo va la gestación y parto de este nuevo proyecto que estoy perpetrando…

Al respecto de este proyecto hoy quería compartir contigo mis reflexiones al respecto de uno de los comentarios que con cierta frecuencia escucho.

El primero me ha vuelto a suceder hace un rato. Alguien me pregunta ¿Cómo haces para sacar tus proyectos adelante? Respuesta: haciéndolos.

A continuación siempre se hace un breve silencio porque la otra persona se cree que le oculto algo. De verdad que no hay más.

De verdad que no hay ningún secreto. Sólo hago. Creo que la única diferencia con respecto a otras personas es que mientras otros analizan, yo hago.

Mientras otros discuten cuándo van a empezar, yo ya llevo un rato haciendo.

Mientras otros esperan al viernes para preguntarles a sus amigos qué opinan de esto que se le ha ocurrido, yo para el jueves lo tengo acabado y el viernes lo que hago es preguntarles cómo harían para mejorar lo que ya he empezado.

Mientras otros se quejan, yo hago.

No hay más. A veces pienso que si tuviera la capacidad de hipnotizar a las personas que asisten a mis talleres, lo único que haría sería sacar el péndulo y decir:

No pienses, haz.

No pienses, haz.

No pienses, haz.

Para mi es tan simple como esto.

Y para acabar te regalo un texto que está un poco en la línea de lo que estamos hablando. Lo he leído en el libro que estoy leyendo estos días: Tus zonas erroneas, de Dyer, aunque es originario de Las enseñanzas de don Juan, otro gran libro del que se puede sacar mucha chicha para esta cosa que es vivir.

Este texto dice que el hombre sabio es aquel que  “vive actuando, no pensando en actuar, ni pensando en lo que pensará cuando haya terminado de actuar… Él sabe que su vida habrá terminado demasiado pronto; él sabe, porque el ve, que nada es más importante que ninguna otra cosa.

Así pues el hombre sabio suda y resopla y si uno lo observa es igual a cualquier otro hombre, excepto que él controla la locura de su vida. Ya que nada es más importante que ninguna otra cosa, el hombre sabio, el hombre de conocimiento, escoge cualquier acto, y actúa como si le importara. El control que tiene sobre su locura le impulsa a decir que su actuación importa y hace que actúe como si importara, y sin embargo sabe que no es así; de modo que cuando cumple con sus actos, se retira en paz, y el hecho de que sus actos hayan sido buenos o malos, hayan resultado o no, no es cosa que le preocupe…”

¡Que grande es Castaneda!

Sergio Fernández

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