No te puedo explicar a qué sabe un mangó ni lo que se siente cuando uno experimenta un orgasmo ni tampoco a qué huele un bosque de pinos. De la misma manera, tampoco te puedo explicar lo que siento cuando me muevo en bicicleta por Madrid.

Es una sensación de libertad, de rapidez, de independencia, de bienestar por saber que mis desplazamientos no contaminan…

Si no lo has vivido no te puedes dar cuenta de estas cosas, pero cuando te mueves en bicicleta por tu ciudad, cuando vives a lomos de una bicicleta la vida tiene otro ritmo, pasan cosas que no pueden pasar cuando vas sentado encima de un tanque lleno de líquido inflamable… la gente te sonríe cuando pasas, te miran extrañados, quieren preguntarte aunque no se atrevan. Otros se atreven, y entonces haces amigos, además de deporte, ahorras tiempo y dinero y te sientes bien y en forma.

Sueño con el día en el que Madrid se haga europea y comprendamos que para distancias inferiores a 6 u 8 kilómetros la bicicleta es el medio de transporte más feliz, barato y eficaz. Sueño con el día en el que el Metro de Madrid, además de volar, como dice su eslogan, también reflexione, y permita subir las bicicletas en sus instalaciones a cualquier hora de lunes a viernes… Con lo que nunca soñé es con que los automovilistas de Madrid fueran a ser respetuosos con las bicicletas y tras seis años yendo y viniendo en bici, puedo decir que lo son…

Sueño no con que Madrid se haga europea sino con que TÚ recuperes la sensatez y empieces a hacer algunos desplazamientos a lomos de dos ruedas, sueño con una ciudad silenciosa y limpia. Sueño… y cuanto más me muevo en bicicleta más lo hago.

Y esta sensación de ir en bicicleta, como el sabor del mango, como el olor del bosque de pinos o como otras cuantas cosas importantes de la vida, no te la puedo explicar, o la experimentas, o te la perderás para siempre. Y para siempre significa eso: para siempre.

Me han regalado un libro grande, irreverente, sencillo, genial, idealista, sincero, descarado, humano, real… se llama La revolución de las mariposas y me lo he devorado de una sentada. Hacía tiempo que no me encontraba un libro tan sencillo pero a la vez tan auténtico. Este libro rezuma verdad. La buena noticia es que además de libro, su autor, Óscar Patsi, tiene un blog donde comparte sus experiencias al moverse en bicicleta por la ciudad de Barcelona. Aunque en el fondo comparte mucho más: comparte una manera de mirar el mundo; supongo que a lomos de una bicicleta la vida se ve de forma diferente.

Y esto es algo que hasta que no experimentes, yo no te puedo explicar. Ni siquiera en un millón de posts.

Si aún no lo has hecho, te deseo que algún día pruebes la pastilla roja…

Sergio Fernández

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