Librepensador. Desde muy joven siempre he sentido una profunda debilidad por este concepto que encierra una forma de vida. Un estilo de vida, por cierto, a tiempo completo. O eres librepensador o no lo eres. O estas embarazada o no lo estás.

El precio de serlo es caro, pero para mi merece la pena. La tarifa incluye un camino en ocasiones solitario y largo; la recompensa, algo tan difícil de medir como la autenticidad o la felicidad, pero cuya ausencia da lugar a una vida con sabor a comida de hospital.

Pero es que además, desde hace un tiempo, me apasiona la idea de ser un libresentidor. ¿Te apuntas a ser un libresentidor?

Sergio Fernández

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