Esta semana me llamaron para comunicarme que la décima edición de Vivir sin jefe ya está en camino.

Y aunque no hay mucha diferencia entre la novena y la décima edición, parece que ciertos números siguen teniendo un peso simbólico importante, es como que hicieran un poco más de cosquillas en la tripa…

Sea como sea, lo cierto es que esta semana recordaba junto con unos amigos algunas anécdotas de todo el proyecto Vivir sin jefe, tres de las cuales hoy comparto contigo…

CÓMO ME DABA ÁNIMOS PARA SEGUIR ADELANTE…

Recordábamos, por ejemplo, cuando lo escribí… Creo que para sacar cualquier proyecto adelante hay que tener una visión muy clara y estar dispuesto a echarle muchas horas.

Mi experiencia me demuestra que muchas más horas de las que en un principio puedan estimarse.

Pues bien, el tiempo para escribir Vivir sin jefe se lo robé fundamentalmente a las noches. Y como hay que estar muy convencido para ponerse a escribir noche tras noche durante muchos meses seguidos, recuerdo que antes de dar por concluida cada sesión de escritura, miraba en Idealista las casas en las que me gustaría vivir en un futuro.

Y mientras lo hacía, me decía a mí mismo: “Si este libro resulta de verdad útil a otras personas y vivir en esas casas es realmente necesario en tu camino de aprendizaje, llegará el momento de vivir ahí”.

Y esto fue algo que me dío muchos ánimos al principio, cada noche, cuando sabía que tenía todo en contra para que el libro no saliera adelante. Bueno, todo en contra menos una cosa: mi convencimiento y el de un pequeño grupo de cercanos de que este libro resultaría de ayuda a muchas personas.

LA ETAPA DE LAS EDITORIALES RECHAZANDO EL LIBRO…

Otra de las anécdotas que más recuerdo tiene que ver con las respuestas que obtuve de editoriales y en general con toda las personas que no creyeron en el proyecto desde el principio. De manera manifiesta o con su silencio. Si les hubiera hecho caso, puedes creerme: hoy no estarías leyendo esto.

Afortunadamente, aunque sólo fuera de una forma intuitiva, yo sabía que ese libro tenía necesariamente que resultarle de utilidad a otras personas.

Y fue a eso a lo que me agarré durante mucho tiempo cuando una editorial me dijo que no. Y después otra. Y luego otra…

De hecho hoy compartiré contigo algo que hago a menudo cuando me sucede algo que no me gusta. Me pregunto a mí mismo cómo contaré eso en mis memorias. Y esto me da fuerzas. Si se trata de un hecho que no entrará en mis memorias, inmediatamente le quito importancia. Y si sé que la va a tener, entonces pienso en cómo contaré esa anécdota y en qué aprendizaje puedo sacar  de ella. Así que cada vez que una editorial declinaba mi oferta, yo me relamía pensando en cómo algún día contaría eso cuando el libro saliera adelante. Y ese día ha llegó.

PROMOCIONANDO EL LIBRO…

Otra de las anécdotas que más recuerdo tiene que ver con el asedio de entrevistas al que fui sometido durante meses preguntándome las cosas más insospechadas sobre el libro.

Como además de atender a medios de comunicación, yo seguía teniendo mi propia vida, recuerdo haber hecho entrevistas por teléfono en las situaciones más absurdas: montando en bicicleta por Madrid he hecho unas cuantas, pero es que también he hecho entrevistas, por ejemplo, en los servicios de un hospital, en una gasolinera, encerrado en el coche en un arcén, en la puerta de un cine, en la cama recién levantado y a punto de acostarme, cocinando, caminando por la calle, en hoteles, en la playa, en la piscina, en un mercado, en los servicios de una casa en medio de comidas familiares o de amigos y en general en cualquier situación de la vida en la que un ser humano tenga cobertura telefónica…

Esta es la parte que no me esperaba y que desconocía de la promoción de un libro.

RECIBIENDO EMAILS…

Y para acabar, lo mejor y lo que nunca tampoco fui nunca capaz de imaginar: la cantidad de emails que recibiría de personas dándome las gracias a diario.

Por eso, las gracias hoy te las doy a tí, por confiar en el contenido del libro pero sobre todo por seguir trabajando cada día desde tu lugar para hacer de este mundo un lugar un poco mejor.

pd: Espero que si estás en una situación similar estas palabras te ayuden a seguir adelante. Para mí, merece la pena hacerlo.

Sergio Fernández

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