Recientemente y con motivo de la visita a las inmediaciones de un volcán, tuve ocasión de ver un video en el que un científico con bata blanca decía que todo el tema de las erupciones estaba controlado, que no había nada que temer, que estábamos seguros.

Y fue esto precisamente lo que me hizo pensar en la falta de humildad que tenemos los seres humanos como especie.

Es verdad: lo desconozco todo sobre la vulcanología. Sin embargo el sentido común me dice que como el volcán empiece a expulsar lava ni cien señores de bata blanca podrán hacer nada para impedirlo o predecirlo. Nos falta humildad y perspectiva para entender que somos piezas de un puzzle mucho más grande que nuestro ombligo, que es la vida. Y este hecho, como sociedad, nos está llevando por el camino equivocado.

Nos hace falta un poco de humildad.

Humildad para comprender que el Planeta no es nuestro y que por tanto no tenemos derecho a esquilmarlo, destrozarlo y apoderarnos de él. Humildad para asumir que la ciencia no es capaz de dar explicaciones a todo lo que sucede ni soluciones a todos los problemas. Humildad para, en lo cotidiano, ser capaces de entender que no siempre llevamos razón.

Humildad para dejar de jugar a ser dioses desafiando las leyes más sensatas de la lógica y del sentido común y humildad para ser capaces de darnos cuenta de que el tiempo para reaccionar empieza a consumirse…

No somos humildes y por eso no apreciamos la grandeza de las cosas más sencillas de la vida hasta que no las perdemos. Y esto sucede sistemáticamente con la salud y dentro de poco, salvo que reaccionemos empezará a pasar también con el agua limpia y con el aire puro.

No somos humildes y por eso no queremos aceptar que estar aquí y ahora atenta contra toda probabilidad y que todo este asunto podría acabarse en un abrir y cerrar de ojos; que ni el airbag, ni la seguridad social, ni el seguro de accidentes, ni siquiera un millón de conservantes y productos light, eco o bio podrán salvarnos.

No somos humildes y por eso no aceptamos el encargo que nos ha hecho la vida en forma de talento único, de capacidad especial, de unicidad. No somos humildes y nos empeñamos en ser lo que no somos, en comportarnos como lo que no somos y en interpretar un papel que no fue escrito para nosotros. Y entonces pasa lo que pasa… que perdemos la humildad.

Sergio Fernández

 

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