Cuando quiero saber cómo es realmente una persona, nunca presto atención a sus discursos o a sus teorías. Simplemente me fijo en sus pequeños actos cotidianos. Eso es lo que Sonny llama en Una historia del Bronx “La prueba de la puerta”. Son esos pequeños detalles que podrían pasar casi inadvertidos [y que de hecho pasan casi siempre inadvertidos] pero que con algo de entrenamiento podemos aprender a identificar e interpretar.

Las palabras son gratis pero los actos pagan peaje. Creo que la palabra está algo sobrevalorada. Creo también que las conversaciones están sobrevaloradas. Darle vueltas a las cosas está sobrevalorado. A los seres humanos nos gusta discutir sobre las palabras pero lo  único que al final cuenta son los hechos.

Y charlando sobre esta tema, de repente me acordé el otro día de “La prueba de Sonny”de la película Una historia del Bronx.

En Una historia del Bronx hay un especia de mafioso ilustrado que lee a Maquiavelo, Sonny, que adopta como protegido a un chaval del barrio al que le transmite sus enseñanzas a lo largo de varios años. Esta película, dirigida por Robert de Niro, y esto es quizá lo más sorprendente, está basada en la vida real del actor que interpreta al mafioso: Chazz Palmintieri.

Pues bien, hay una secuencia de la película que me encanta y es esta en la que Calogero, el joven protegido, le está contando a Sonny, el mafioso, acerca de una chica a la que ha conocido y Sonny le ofrece su coche, que normalmente no le presta a nadie, y le sugiere que le haga una prueba a la chica para ver si es de fiar…

Sonny: Coges mi coche y le haces la prueba.

Calogero: ¿La prueba de Mario?

Sonny: ¿Qué? Mario es un puto lunático. A saber que se le habrá ocurrido. Le harás mi prueba. La prueba de la puerta.

Calogero: ¿Y cómo se hace?

Sonny: Pon mucha atención. Paras el coche delante de ella. El seguro de su puerta tiene que estar cerrado. Sales, cierras la puerta con llave y te acercas a ella. La conduces hasta el coche, sacas la llave y dejas que suba. Cuando esté dentro vuelves a cerrar la puerta. Luego vas por detrás y miras por la ventanilla trasera. Si la chica no se mueve para levantar el seguro de tu puerta para que entres, olvídala.

Calogero: ¿Así de sencillo?

Sonny: Escúchame hijo. Si es incapaz de molestarse en levantar el seguro para que puedas entrar significa que sólo piensa en ella. Y eso no es más que la punta del iceberg. Pasa rápidamente de ella.

Para mí, esta observación desborda sabiduría: da igual lo que diga la chica; lo único importante es si levanta o no el pestillo de la puerta del coche. Sólo eso: levantar el seguro de la puerta.

Sergio Fernández

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