Casi tres meses sin publicar en el blog. Déjame que te cuente por qué.

Los proyectos son como las relaciones o como la cocina: tienen sus propios tiempos al margen de nuestros deseos. A veces sucede que desear algo fervientemente no es condición suficiente para que suceda [aunque normalmente sí que es condición necesaria]. A veces pasa que las ideas tienen que madurar, tienen que acabar de cocinarse. Un embarazo son nueve meses. No importa la prisa que tengas.

Pues bien, en los últimos meses me ha pasado que varios proyectos que llevaban tiempo en la cocina a fuego lento, de repente han estado listos todos a la vez. Así que he decidido practicar algo que me fascina y de lo que soy un ferviente defensor: el foco. Me he encerrado en la cocina y los he acabado de preparar con el esmero del que se sabe frente a su obra maestra.

Practicar el foco significa saber priorizar, implica de hecho saber qué cosas son más importantes para tí en ese momento en concreto y tomar las decisiones pertinentes y aceptar las consecuencias que de ello puedan derivarse. Practicar el foco implica comprender que el premio no está en el resultado sino en la misma elaboración; que no está en la meta sino en el camino. Significa estar en el presente, aceptar que eso es suficiente y que le dedicarás toda tu energía.

Y eso es lo que he hecho estos meses. Aceptar que soy mortal, que necesito marmotear un buen número de horas para estar despierto [que no es lo mismo que estar con los ojos abiertos] y que al tener los días 24 horas era preciso dejar de lado algunas actividades si deseaba que otras salieran adelante.

Y eso es lo que he hecho bajo la atenta mirada de la canícula estival: practicar el foco.

Sé que lo que se lleva es presumir de no dar ni golpe y decir que a uno las cosas le salen porque es muy listo y en cinco minutos las hace. Pues ese al menos no es mi caso. Creo que el día que como sociedad comprendamos que el mayor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos y a los demás es hacer bien lo que quiera que sea que hagamos, y que eso lleva mucho tiempo, ese día creo que habremos avanzado mucho.

Para mí, la única forma de avanzar hacia la felicidad, en lo personal y en lo profesional, es practicar el foco. Centrarme en muy pocos objetivos y hacerlo de manera obsesiva pero alegre, de forma testaruda, fluida, insistente y confiada. para mí, no hay otra manera…. Foco, foco y foco.

Lo otro es dispersión y sé que eso no lleva a ningún lugar al que merezca la pena ir.

En cuanto a los proyectos, hay tres de ellos que puedo hacer públicos. En los próximos días los contaré en el blog. Una pista: tienen que ver con radio y productos culturales te prometo que muy muy diferentes a lo que hayas visto hasta ahora…

Sergio Fernández

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